domingo, 26 de abril de 2009

La vida en cuadritos





En mayo del año pasado estuvieron de visita en Montevideo Comic dos hitorietistas de la península ibérica. El español Ángel de la Calle y el portugués José Carlos Fernandes.
Ambos dieron un par de charlas en la convención de cómics y Ángel dio un taller de historieta en el Centro Cultural de España, en la Ciudad Vieja.
Tuve la oportunidad de charlar con Ángel en Montevideo Comic, así como asistir a su taller.
De esas conversaciones y de un cuestionario que me contestó por mail armé esta entrevista.
El libro, Modotti: una mujer del siglo XX, se puede leer en la biblioteca del Centro Cultural España, en la Ciudad Vieja, en la calle Rincón, esquina Juan Carlos Gómez.





Viernes 24.04.2009 Montevideo, Uruguay


Cultural



Con el dibujante español Ángel de la Calle


Siguiendo a Tina Modotti



Daniel Veloso

ÁNGEL DE LA CALLE Hernández, historietista español, estuvo de visita en Uruguay el año pasado como artista invitado del evento Montevideo Comics. Allí dio a conocer su novela gráfica Modotti: Una mujer del siglo XX. Durante su estadía dictó un taller de historieta en el Centro Cultural de España, en el que hizo hincapié en el desarrollo mundial del cómic autobiográfico.
De la Calle nació en 1958 en Molinillo de la Sierra, provincia de Salamanca, aunque se considera asturiano, porque "un asturiano puede nacer donde quiera", según afirma. Formó parte de la generación de historietistas que vivió el auge del cómic en España con la vuelta a la democracia en 1977. Publicó sus historietas en revistas españolas como Rambla, Zona 84, Comix Internacional y El Víbora y en el extranjero las revistas Tung Metal, Fantastik y la Heavy Metal estadounidense. Durante la crisis de la industria del cómic en los años noventa abandonó el dibujo e instaló una empresa de diseño gráfico. Por diez largos años se mantuvo alejado de la historieta
hasta que, intrigado por la vida de la fotógrafa italiana Tina Modotti (1896-1942), se decidió a contar su historia. Viajó a Nueva York, Ciudad de México, París y Berlín siguiendo los pasos de la artista. Modotti, el libro que resultó de su experiencia, obtuvo el Premio de la Crítica a mejor obra en 2005, en el Salón del Cómic de Barcelona y en 2008 fue uno de los libros más vendidos en Italia.
Ángel vive en las afueras de Gijón, ciudad costera de Asturias, con su esposa Noeli y su hijo Sergio de siete años, en una casa "con un pequeño jardín", dice. "Al menos veo la calle. Cuando vivía en el centro había semanas que bajaba sólo los viernes para sacar la basura". En su casa tiene su estudio, donde dibuja y diseña sobre todo de día.
En 1973, dos años antes de la muerte de Franco, con apenas quince años de edad, militaba en la clandestinidad dibujando carteles y panfletos. Al poco tiempo empezó a dibujar en la revista Star "la revista madre del underground español", donde "fue un lujo que con 17 años mis dibujos fueran vistos en todo el país". De los autores que más impactaron en su formación menciona a Hugo Pratt, Carlos Giménez, Guido Crepax y Moebius.
Además del dibujo Ángel desarrolla otras actividades que compiten, como lo explica, con su vida familiar. Publicó durante 33 números la revista Dentro de la viñeta, especializada en la teoría del cómic. Organiza desde 1995 las Jornadas Internacionales del Cómic Villa de Avilés y desde 1988 la Semana Negra de Gijón un festival multicultural de los más importantes de Europa, con una asistencia de un millón de personas a lo largo de diez días. Durante los meses de mayo a julio "organizo, diseño y llevo adelante los libros que publicamos dentro de la Semana Negra, el periódico del festival A Quemarropa y la cartelería, además de continuar con mi tira cómica Mar y Mari y mi trabajo de diseño gráfico".




BUSCANDO A TINA. El libro sobre la fotógrafa italiana que emigró de muy joven a California, fue actriz de cine mudo y vivió en México entre artistas y revolucionarios, es también la historia de un período importante de su propia vida. Ángel había abandonado la historieta desde hacía diez años y eso lo tenía intranquilo. Según cuenta, de adolescente descubrió a Tina Modotti en las memorias de Pablo Neruda, de quien fue amiga. Años más tarde, la italiana fue noticia cuando la cantante Madonna pagó una importante suma por una fotografía suya. A partir de allí Ángel comenzó a investigar sobre Tina y su época.
Modotti, dibujada en blanco y negro, sigue los pasos de Tina por el México de los años veinte, junto a su compañero el fotógrafo Edward Weston. Desfilan entre sus páginas los pintores Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Frida Kahlo y el revolucionario nicaragüense César Augusto Sandino. Contiguamente, Ángel va narrando los avatares de su viaje de investigación, como la vez en que fue expulsado del famoso Chelsea Hotel de Nueva York, porque su amigo roncaba mucho, o su decepción al encontrar que en Ciudad de México las calles habían cambiado de nombre y los viejos edificios ya no existían. De Tina Modotti apenas encontró algunas "impresiones y unos pocos documentos", con los que intentó descifrar una vida llena de zonas oscuras.



A fines de la década del veinte, en México se refugiaban activistas revolucionarios de Nicaragua, Cuba y El Salvador. Al mismo tiempo, agentes de la Komintern que seguían las directrices de la URSS, empezaban a actuar en Centroamérica obstaculizando cualquier intento de revolución que entorpeciera sus propios planes. En ese contexto de intriga internacional, la historieta narra cómo Tina se convierte en amante de Julio Antonio Mella, fundador del Partido Comunista Cubano, que estaba siendo perseguido por el dictador Gerardo Machado. Una noche de invierno de 1929, cuando la pareja paseaba por la calle, Mella es asesinado. En sus declaraciones ante la policía Tina se contradice y es acusada de cómplice, al tiempo que la prensa lanza una campaña difamatoria en su contra. Apelando a su prestigio, Diego Rivera consigue que la liberen pero no evita que la expulsen del país. Refugiada en Berlín, Modotti sacará sus últimas fotos antes de abandonar definitivamente la fotografía.
Ángel cuenta que esa decisión le había intrigado, en parte porque él había hecho lo mismo. Hasta que una noche, "desperté en mi cama con la mujer que amaba a mi lado y me pregunté: si lo tengo todo, ¿por qué no soy feliz? Y no lo era porque llevaba diez años sin hacer cómics. Pensé que si lograba responder por qué Tina pasó los últimos diez años de su vida sin tomar una cámara, sabría por qué yo llevaba el mismo tiempo sin hacer cómics". Para obtener esa respuesta fue que hizo su libro.


Ángel de la Calle y José Carlos Fernandes, en la plaza Libertad, frente al ex cine Plaza, donde se hizo Montevideo Comic en mayo de 2008.


EL OTRO MONTEVIDEO. Ángel aprovechó su estadía en Montevideo para ubicar la casa del poeta Isidore Ducasse, el Conde de Lautréamont. A pesar de la emoción del hallazgo, le sorprendió que la casa no tuviera ni una placa que recordara a los vecinos de Ciudad Vieja, que allí había nacido uno de los "fundadores de la modernidad escrita", dijo.Ante la pregunta de qué le parecieron los historietistas uruguayos, dijo: "como en casi todas partes, somos barquitos de papel en mitad de la tormenta y en el centro del océano". Ángel piensa que en más de cien años de la historia del cómic, éste ha estado centrado en la "narrativa infantil-juvenil", por lo que en Uruguay los nuevos creadores "llegan de una tradición y tratan de continuarla". Afirma que "eso es lo que tenemos que cambiar, o nos moriremos como género narrativo".
Durante sus charlas De la Calle abogó por un cómic autobiográfico, diciendo que le hubiera gustado encontrarse con historietas que le contaran cómo vivían los jóvenes en Montevideo.
El cómic autobiográfico es visto por él "como un acercamiento a la realidad social". Explica que la narrativa social "y por lo tanto adulta, siempre busca lugares donde proyectarse", como en su momento lo fue el género negro o la ciencia ficción. "Cuando puede utiliza la autoficción, que es una forma actual y creíble para contar", afirma. "Si quieres interesar a alguien que tiene a su alcance todo tipo de entretenimiento, tendrás que atraerlo con algo que no haya visto al menos cien veces ya", argumenta. "Me parece que en el cómic lo más desconocido que existe no son los guerreros con grandes hachas, ni los vaqueros que disparan más rápido que su sombra. Lo que se ha visto poco son las inquietudes humanas, la gente real y las aventuras que les ocurren cada día, contadas con pericia, intensidad y gracia. Al final es volver interesante lo cercano", comenta.


Actualmente Ángel de la Calle está dibujando un nuevo álbum titulado Flores del Mal ambientado en Latinoamérica en los años setenta. En cuanto a Uruguay, su intención es poder publicar Modotti aquí y hacer una muestra con los dibujos del libro. También explica que le gustaría volver de visita "para buscar más libros de Felisberto Hernández, recorrer el Mercado del Puerto, la calle 18 de Julio, la Rambla y escuchar a Daniel Viglietti".



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