martes, 20 de septiembre de 2011

Invitación a un viaje en el tiempo


Viejo anhelo de la Humanidad viajar atrás en el tiempo para visitar lugares históricos, como la Biblioteca de Alejandría o quizá para enmendar errores del pasado. Tal vez asistir a un día de tu infancia; sentarse a un lado y contemplarse a sí mismo jugando.
Como verán en este artículo, según la información que pude recopilar, desarrollar una máquina para viajar en el tiempo sigue siendo una tarea casi imposible. Sin embargo esto no ha impedido que físicos teóricos como Ronald Mallet o Paul Davies hayan pensado en estos problemas.







País Cultural
Viernes 07.03.2008 | Montevideo, Uruguay


Los hijos de Wells

Tres viajeros en el tiempo




DANIEL VELOSO

EN 1893 H. G. WELLS tenía 27 años, intentaba ganarse la vida escribiendo artículos y acababa de publicar un relato en el periódico National Observer de su amigo William Henley. En ese texto describía una máquina que podría desplazarse a través de la cuarta dimensión: el tiempo. Dos años más tarde desarrollaría esa idea llevando a un personaje a través de las eras hasta el final de la Tierra, en la novela corta La Máquina del Tiempo. El libro, una de las primeras obras de ciencia ficción, se convirtió en un éxito. La obra le trajo reconocimiento y le permitió vivir como escritor. 





AGUJEROS DE GUSANO. La humanidad entera está viajando hacia el futuro y siempre lo ha hecho. El tiempo se mueve en esa dirección. Tal vez el ritmo sea más lento de lo deseado. Para acelerar las cosas y moverse adelante en el tiempo hay que alcanzar velocidades cercanas a la de la luz. Según el físico alemán Albert Einstein, si una nave en movimiento llegara a acercarse a la velocidad de la luz, el tiempo en ésta comenzaría a correr cada vez más lento. Este curioso fenómeno conocido como dilatación gravitatoria del tiempo fue descrito por Einstein en 1907 como una consecuencia de la Teoría de la Relatividad Especial. A esa velocidad, necesariamente inferior a 300.000 km por segundo, ya que nada que esté compuesto de materia puede sobrepasar ese límite que impone la naturaleza, un cosmonauta en una nave podría alcanzar el centro de la Vía Láctea en 21 años. Esto podría ocurrir porque el tiempo en la nave transcurriría muy lentamente. Pero para los habitantes de la Tierra, que esperarían con ansias noticias de su periplo, la nave tardaría 30.000 años en llegar al centro de la galaxia. A su regreso el cosmonauta no encontraría a nadie conocido a quien contarle su aventura. Sin proponérselo, habría viajado hacia el futuro.





Para viajar al pasado el problema es aún más complejo. El físico británico Paul Davies, de 61 años, desde que leyó la novela de Wells en su adolescencia, sueña con viajar al pasado. Siendo estudiante asistió a una conferencia del astrónomo Fred Hoyle, en la que describía una teoría en la que las ondas de luz podían ir hacia atrás en el tiempo, influyendo en el rumbo en que llevaría su vida como científico. En 2003, en su libro ¿Cómo construir una máquina del tiempo?, lanzó la idea de utilizar un agujero de gusano para ir al pasado. En teoría, un agujero de gusano es un pasaje abierto en la trama del espacio-tiempo que podría conectarse con una región lejana del universo. Si una nave pudiera atravesarlo, saldría a años luz de distancia de la entrada. Según Davies, la diferencia con un agujero negro, formado por el colapso gravitacional de una estrella masiva, es que éste no conduce a ninguna parte. Se puede entrar pero no salir. 





En cambio si un viajero se internara en un agujero de gusano, al salir por el otro extremo podría encontrarse en el pasado. El primer paso para construir esta máquina del tiempo es encontrar un agujero de gusano, tarea nada sencilla, ya que aún no se ha detectado ninguno. Luego habrá que expandirlo para que permita pasar una nave; para ello se le tendrá que inyectar energía negativa. Davies asegura que ésta existe y que hasta se puede crear en un laboratorio. Al inyectarle esta energía crearía un estado anti-gravitatorio que ejercería un efecto repulsivo que mantendría las paredes del agujero de gusano estables impidiendo que se colapse bajo su propio peso. Paul Davies cree que la tecnología para desarrollar esta máquina del tiempo podría estar lista dentro de cien años, aunque tal vez se pueda encontrar una solución menos espectacular que un agujero de gusano, en la propia Tierra.

 





TÚNEL DE LÁSERES. Cuando tenía sólo 10 años, el físico estadounidense Ronald Mallett perdió a su padre, de 33 años. Un año más tarde descubrió La máquina del tiempo de H.G. Wells. "Eso me rescató de caer en la depresión aguda", contó a la prensa. El libro le dio la idea de construir una máquina para viajar al pasado "para volver a ver a mi padre, prevenirlo y quizá salvar su vida", explicó. Esta inspiración llevó a Mallett, nacido en 1945, a tener una brillante carrera como físico. Actualmente se encuentra desarrollando una verdadera máquina del tiempo. En 2003 publicó sus ideas, que fueron tomadas muy en serio por sus colegas. El plan de Ronald Mallett es torcer el espacio tiempo con un tubo formado por haces de rayos láser. En la naturaleza, los objetos masivos como las estrellas curvan el tiempo y el espacio, tal como fue pronosticado por Einstein y comprobado en 1919 cuando durante un eclipse, y aprovechando la oscuridad momentánea, se fotografió una estrella cuya luz había sido desviada por la curvatura del espacio que genera a su alrededor el sol. La idea en que se basa Mallett es que no sólo la gravedad deforma el espacio, sino también la luz. Usando anillos de luz de láser de gran potencia pretende crear una región de espacio rotativa, como si se estuviera revolviendo el café en una taza. En la Teoría de la Relatividad de Einstein, al retorcer el espacio se retuerce también el tiempo, ya que están unidos. Si se entiende al tiempo como una línea que va del pasado al futuro, si Mallett consiguiera cerrar esa línea y convertirla en un bucle, se podría pasar del futuro al pasado. 






Al comienzo, si logra construir la máquina, empezará por enviar partículas subatómicas al pasado. Pero podría ocurrir que al encender por primera vez la máquina, el profesor encuentre dentro del haz de láseres una partícula surgida de la nada, que él mismo se enviará quizá una semana adelante, en el futuro. Esta máquina empero no podrá llevarlo hasta su padre, ya que sólo se podrá viajar desde el futuro hasta el día en que sea encendida.

 




CURVAR EL ESPACIO. El científico israelí Amos Ori, del Instituto de Tecnología de Haifa, captó en 2007 la atención de los medios con otra variante de cómo construir la máquina. Para ello no necesitará de una materia exótica con densidad de energía negativa que incluyen otras teorías, sino que basta con el vacío común del universo. Ori afirma que el espacio puede curvarse hasta crearse un campo de gravedad interno capaz de arrastrar al espacio y el tiempo próximos. Según Einstein la intensificación de la gravedad curva el espacio-tiempo. Un ejemplo muy utilizado para visualizar este fenómeno es depositar una esfera de metal sobre una goma extendida. La esfera se hunde en la goma que se deforma por el peso de aquella. Una estrella muy masiva, una estrella de neutrones por ejemplo, deforma el espacio a su alrededor haciendo que cualquier objeto que pase cerca, "caiga" hacia ella. 






Este bucle espacio-temporal podrá ser construido con materia común y densidad de energía positiva, aunque aún se debe resolver cómo hará para mantenerse estable. Una vez que se consiga curvar el espacio y obligarlo a formar un bucle, la máquina del tiempo resultante funcionará sola. Ori lo explica comparándolo con una bala de cañón, que luego de ser disparada sigue su trayectoria al blanco por su propia cuenta. Al igual que otros teóricos, Amos Ori explica que una vez abierta la máquina, podría permitir a viajeros del futuro ir hacia atrás en el tiempo, pero sólo hasta la fecha de inicio de ésta.




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